«Lost River» (Ryan Goling, 2014)

“Ve al sur y no pares hasta que veas palmeras”. El pequeño camión no puede estar más lleno. Después de toda una vida y de felices recuerdos, el vecino de Bones (Iain De Caestecker) abandona el pueblo. No es un caso aislado. Todo el radio de influencia de Detroit está sufriendo el hundimiento de la industria automovilística. Aquello parece un pueblo fantasma. Entre los límites del municipio, deambula un reducido número de almas en pena. No pueden huir. Los más privilegiados tienen un empleo, como es el caso de Dave (Ben Mendelsohn), que trabaja en el banco. Billy (Christina Hendricks), sin embargo, se está quedando sin dinero. Lleva varios meses sin pagar la hipoteca y tiene dos hijos a su cargo. Uno de ellos es Bones. Este, que tiene edad suficiente para darse cuenta de las cosas, se dedica a entrar en casas abandonadas, y sacar de ellas todo el material que pueda vender, y así ayudar a la economía familiar. El problema es que hay un macarra violento, llamado Bully (Matt Smith), que se considera el dueño de todo lo que se pueda desvalijar en el pueblo.

Todo allí parece desarrollarse bajo la lógica de un sueño inquietante. Rat (Saoirse Ronan), vecina de Bones, lo achaca a una maldición que comenzó cuando se inundó el pueblo original para hacer una presa.

Billy es requerida por Dave. El asunto de la hipoteca es bastante espinoso. Billy ha visto cómo las casas de varios vecinos han sido derribadas por falta de pago. Por alguna razón, Dave no quiere que esto le suceda a Billy. Dave sabe de un trabajo que podría desempeñar Billy, y así mantener su casa. Billy acepta y se adentra en un mundo pesadillesco, sangriento y surrealista, mientras sus hijo Bones, con la ayuda de Rat, intentará desentrañar la maldición que pesa sobre el pueblo.

Ryan Gosling ya no se conformaba con ser el actor de moda entre mujeres, hombres y críticos. Necesitaba dar un paso más. “Lost River” (2014), escrita y dirigida por él, es ese paso.

Parecería que lo más prudente para Ryan Goslin («La la land» Damien Chazelle, 2016), como para cualquier otro director, sería comenzar con una película logísticamente sencilla (cosa que sí es “Lost River”), además de narrativa y estéticamente accesible para el gran público. Igualmente, en el caso de la estrella de cine, el hecho de protagonizar su propia película, aseguraría un mínimo de ingresos en taquilla debido a su tirón mediático.

Pero el guaperas de Ryan es un tipo peculiar y concienzudo. No quiere distraerse actuando en su propia película. Quiere centrarse en la dirección a riesgo de arruinar la taquilla. Y no sólo eso, sino que optó por realizar una película basada más en sensaciones que en una narrativa convencional. Por lo que esta pretensión, digamos artística, en un debutante que, además, es una estrella de cine respetada como tal, no cayó muy bien entre los dioses del Olimpo cinematográfico de Cannes que, por otra parte, ha ensalzado películas cuando menos cuestionables como “El árbol de la vida” (Terrence Malick, 2011).

Para empezar, toda película tiene que representar, de una manera o de otra, los tiempos que corren en el momento de realizarla. “Lost River” habla de la crisis financiera (que no tengo claro si seguimos en ella junto con otras que se han ido subiendo al carro) en general, y de la crisis de las hipotecas subprime en particular. Y para ello, se aleja del realismo, para urdir una especie de sueño metafórico y terrorífico que transmite, de manera más eficaz, la angustia de no tener trabajo, de no poder pagar la hipoteca, de agarrarte a cualquier trabajo y de tragar con lo que sea por un sueldo.

Uno a de los motivos por los que se ha criticado negativamente a la película, es lo evidente de sus influencias. Se ha hablado de Terrence Malick como una de ellas. Y es posible que Gosling se haya sentido influenciado a la hora de rodar las primeras escenas de presentación de los personajes. Pero más allá de eso, las influencias son, a todas luces, otras, y sí, muy evidentes.

Los dos directores que Ryan Gosling parece haber tomado como modelos, son Nicolas Winding Refn y, sobre todo, David Lynch.

Del director danés toma cierto sentido del encuadre y utilización de la fotografía y de la música. No olvidemos que el compositor de la música de “Lost River” es Johnny Jewel, que ya participó en “Drive” (Nicolas Winding Refn, 2011) con algún corte, y cuyo protagonista era el mismo Ryan Gosling.

En cuanto a la influencia de David Lynch, es tan explícita que hay algunas escenas que parecen sacadas directamente de “Terciopelo azul” («Blue Velvet» David Lynch, 1986). Del director estadounidense toma su ambiente onírico y de pesadilla, que se impone sobre la narración, la cuál es mínima, y se centra en crear sensaciones de angustia, extrañeza y terror.

También podríamos hablar de ciertos guiños al Giallo italiano, en lo que se refiere a la utilización del gore, a ciertas piezas de música y a la presencia de Barbara Steele.

Personalmente, creo que “Lost River” no se merece el vapuleo que ha recibido, sino que, a pesar de ciertos defectos, propios de un debutante, es una película muy apreciable y estimulante. Espero que vuelva pronto a la dirección.

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