Dos días, una noche (Jean Pierre y Luc Dardenne, 2013)

Por fin se está recuperando de la depresión. Sin duda, sus hijos y su marido han sido un gran apoyo para ello. Sandra (Marion Cotillard) ya sólo piensa en volver al trabajo. Todavía tiene sus dudas pero, poco a poco, va ganando seguridad en sí misma. Recibe una llamada de teléfono.

La situación es la siguiente: Parece ser que el jefe se ha dado cuenta de que puede prescindir de ella, ya que, durante su baja, ha repartido el trabajo de Sandra entre el resto de compañeros. Esto le ha llevado a plantear un dilema perverso a sus trabajadores, que consiste en decidir entre cobrar una paga extra de mil euros o que Sandra conserve su puesto de trabajo. Estamos hablando de trabajadores no muy sobrados de dinero, para lo cuales mil euros adicionales es una pasta (que me lo digan a mí…), por lo que cualquiera de las dos decisiones sería comprensible, si no tuviéramos en cuenta el asunto ético.

La votación se dará el lunes. Sandra, animada y apoyada continuamente por Manu (Fabrizio Rongione), su marido, tiene el sábado y el domingo para llamar o visitar a cada uno de sus compañeros, e intentar convencerlos de que renuncien a los mil euros por ella.

La filmografía de los hermanos Dardenne está plagada de historias y personajes pegados a la realidad. Las tramas suelen ser bastante sencillas, pero basadas en dilemas morales complejos y nada maniqueos. La realización cinematográfica de sus películas acostumbra a centrarse en el montaje interno que se produce mediante los movimientos de la cámara al hombro y de los personajes, cambiando de plano sólo cuando es absolutamente necesario.

A lo largo de su carrera, los cineastas belgas han retratado con notable éxito los estragos producidos por el capitalismo en Europa. La marginación social que conlleva perder el puesto de trabajo, la depresión psicológica que acarrea, y la caída en el alcoholismo o la drogadicción o, directamente, en la delincuencia, son los temas recurrentes de los hermanos.

Es cine social, evidentemente, pero no panfletario. No vemos en sus películas una clara división de buenos y malos por clases sociales. Vemos una denuncia del sistema en sí, que provoca situaciones tremendamente injustas de enfrentamiento entre desiguales y, lo que es más triste, entre iguales.

Y en esto se basa, una vez más, “Dos días, una noche” (Deux jours, une nuit, 2013) .  Se plantean dos voluntades contrapuestas, provocadas por un empresario que enfrenta a los compañeros de trabajo. Tenemos una protagonista, con la que empatizamos, pero también unos, podemos decir, contrincantes cuyas razones son más que comprensibles. Claro que es más loable la postura de renunciar a la paga extra para que tu compañera no pierda su trabajo. ¿Pero si estás hasta el cuello de facturas? ¿Si estás esperando como agua de mayo la paga extra para recuperarte económicamente? ¿Si no llegas a fin de mes? ¿Qué harías tú?

Ese “¿qué harías tú?” es un gancho muy potente con el que atrapar al espectador. Y esa empatía por sus compañeros es la que acobarda a Sandra que, unida a su latente depresión, hace que su odisea de casa en casa sea un auténtico vía crucis, con el que llegamos al otro gran tema de la película, sino el principal. Me refiero a los arrestos que Sandra tiene que convocar para sobreponerse a la situación y a su propia naturaleza, y así defender su posición y su derecho a un trabajo del que no le pueden despojar por cogerse una baja por depresión.

“Dos días y una noche” es formalmente coherente con el resto de la carrera de los Dardenne. En este caso, como el ambiente es menos sórdido que, por ejemplo, en la excelente “Rosetta” (1999) (su primera Palma de Oro en Cannes), los movimientos de cámara son más suaves, menos incómodos para la vista y la fotografía es más luminosa, como ya ocurría en su anterior película “El niño de la bicicleta” (Le gamin au vélo, 2011). Marion Cotillard, que está excelente por otra parte, va de puerta en puerta contando la misma historia, con la incertidumbre de si el interpelado contestará en un sentido o en otro. Vemos un ramillete de razones por las que posicionarse a favor o en contra de Sandra, con la urgencia del plazo que tiene la protagonista para conseguir su objetivo.

El tema y el fondo de la cuestión son realmente interesantes. La solidaridad entre compañeros y la activación individual para luchar por los propios derechos queda fielmente reflejada por las interpretaciones de Fabrizio Rongione, habitual en la filmografía de los Dardenne, y, sobre todo, de Marion Cotillard, que sostienen una película realmente estimable.

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