Aquel agosto no empezó muy caluroso, pero mi cabeza hervía buscando una solución para mi falta de ingresos. La crisis me estaba pegando fuerte y no pasaba de trabajos temporales, mal remunerados y, no pocas veces, sin dar de alta.

La cosa es que me desperté de buen humor. Resulta que, el día anterior, me había encontrado casualmente con Celia. Me dijo que estaba de vacaciones y que había vuelto a casa un par de días para ver a sus padres, antes de irse de veraneo. También me recordó que me tenía que invitar a unos botellines antes de marcharse.

Celia siempre me cayó bien. Bueno, hemos tenido peloteras muy gordas, pero siempre acabábamos reconciliándonos. Y en más de una de esas reconciliaciones, nos tomamos más confianzas de las que se suelen tomar un par de amigos, ya sabes. O sea, un desbarajuste que llevaba muchos años funcionando. A su manera, claro.

Me hacía ilusión pasar un rato con ella en un bar, hablando por los codos y bebiendo de más. En alguna época de nuestra relación, creí, o más bien creímos, que podríamos ser pareja, pero aquella idea descabellada se desechó hace mucho.

La idea era que Celia saliera a correr, como todos los días, a eso de las ocho de tarde, se duchara, se vistiera y me avisara con una llamada o un mensaje de móvil para que me bajara cuando ella estuviera saliendo. Calculaba que correría una media hora y se apañaría en otra media hora. Era un martes, no se iba a poner de punta en blanco. A las nueve yo estaría preparado para salir.

Toda la tarde estaba planteada en función de la cita de las nueve. Terminé de comer y me vi un par de episodios de la serie a la que estaba enganchado. Después, hice una hora y media de pesas para estar a tono, por si acaso. Me duché y esperé en calzoncillos a que me avisara. Eran las ocho y media. Di un envite al libro que estaba leyendo. Las nueve y sin noticias. Me entró hambre y cené. Nueve y media, cenado y en calzoncillos. Revisé dos o tres pelis que me acababa de bajar. Por aquella época, todos éramos unos piratillas. A las diez toda la tarde empezaba a perder su sentido.

Pensé que habría quedado con alguien y se habría alargado el asunto. Estaba un poco contrariado, pero no me enfadé. Me puse otro episodio y, cuando llevaba unos diez minutos, recibo un mensaje de móvil: “Si querías darme plantón, me podrías haber avisado. Ah no, que entonces no sería un plantón, jejejeje”. Lo primero que pensé: “Esta chica está mal de la cabeza”. Se me pasó el primer impulso y llamé para aclarar el asunto. Pues me cortó la llamada tres veces, la muy… Respiré hondo y escribí un mensaje: “Pero si me dijiste que me llamabas cuando salieras de casa. Llevo un buen rato esperando”. Esperé y no recibí contestación. Volví a respirar hondo y llamé. Esta vez no me cortó.

-Hombre, desaparecido – dice con un tono que me irritó muchísimo.

-Llevo esperando desde las nueve a que me llamaras.

-Te he llamado varias veces y me cortabas. Pensé que te había surgido un trabajo a última hora y no me podías contestar.

-No he recibido ninguna llamada – dije en un tono cortante que ya no abandoné el resto de la conversación.

-Pues te he llamado. Pensé…

-Aquí no figura ninguna llamada perdida ni recibida – la interrumpí.

-Pues habrás estado en algún sitio sin cobertura – dijo más seria.

-Llevo en mi casa toda la tarde.

-¿Seguro? A ver si has estado con una chica y se te ha alargado la cosa… – ella intentaba quitarle hierro o desviar la conversación.

-Te lo hubiera dicho. ¿Para qué te voy a mentir?

-Pues yo tampoco te miento.

-Y yo te creo – dije.

-Pues vaya, con lo guapa que me había puesto para ti.

-¿Qué te habías puesto?

-Ya estoy en pijama, claro. Como me has dado plantón…

-Que yo… -respiré hondo, me estaba vacilando – ¿Y no te puedes volver a vestir?

-No, ya estoy en pijama.

-Pero mañana no tienes que madrugar.

-No, estoy de vacaciones.

-¿Entonces?

-Es que ya no me apetece.

-¿Entonces ya no te veo antes de que te vayas de vacaciones?

-No creo, porque mañana tengo la agenda muy apretada y… no sé.

-Bueno, pues que lo pases bien en tus vacaciones – dije aún más cortante.

-Pues muchas gracias – dijo intentando equipararse.

-Ya me contarás.

-Ya te llamo.

Intenté colgar antes que ella. No sé si lo conseguí. Seguí viendo el episodio, pero tardé bastantes minutos en concentrarme.

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