Inherent Vice (Paul Thomas Anderson, 2014)

Cuenta la leyenda que Howard Hawks, durante el rodaje de su famosa adaptación de la novela de Raymond Chandler “El sueño eterno” con Bogart y Bacall, hizo un pequeño parón para reunirse con uno de sus guionistas, nada menos que William Faulkner. Hawks, herido en su orgullo y sobreponiéndose a él, acabó formulando la pregunta que le tenía totalmente confundido: ¿Quién ha matado al chófer de los Sternwood? A lo que el autor de “El ruido y la furia” respondió encogiéndose de hombros. Ante semejante panorama, Hawks y Faulkner, cuyas mentes no eran sospechosas de cortedad, decidieron no salir de aquel despacho sin la respuesta que exigiría cada integrante del equipo de rodaje, empezando por los actores. Haciendo de tripas corazón, y tragándose su vanidad intelectual, decidieron coger el teléfono y llamar a Raymond Chandler, autor de la novela que, para más inri, no habían contratado para su adaptación. ¿Quién ha matado al chófer de los Sternwood? – volvió a preguntar el director. Las caras de Hawks y Faulkner debieron parecer un poema al escuchar la respuesta del creador de Philip Marlowe: “No tengo ni la menor idea”.

El argumento de la novela negra, especialmente la de subgénero detectivesco, suele consistir en una maraña de tramas y subtramas, muchas de ellas inconexas, que coinciden en el tiempo y en el espacio, compartiendo algunos personajes y situaciones, y cuyo desentrañamiento, por parte del protagonista, sólo es posible entrando en el epicentro de la telaraña y provocando una explosión que separe la paja del trigo. Al final, se suele resolver la trama principal, pero quedarán cabos sueltos que ayudarán a dar esa sensación de caos que usted y yo conocemos en nuestra propia realidad. Y ese caos llega a su cenit cuando ni siquiera el autor tiene la explicación, como en el caso antes mencionado. Y es que no es absolutamente necesario que el lector o espectador comprenda cada movimiento, intenciones o consecuencias de la trama. Este cúmulo enmarañado de situaciones no es más que un tapiz sobre el que poder colocar, describir y sugerir una serie realidades sociales, personajes, sentimientos y ambientes complejos, turbios y, a veces, y muy en el fondo, entrañables.

De todos los despachos de detectives de Los Ángeles, tuvo que ir a parar al suyo. Doc Sportello (Joaquin Phoenix) aún no ha superado lo de su ex novia Shasta (Katherine Waterston), que ahora aparece para hablarle de su nuevo rollete, el magnate inmobiliario Michael Z. Wolfmann (Eric Roberts) y del problema que tiene este con su mujer y el amante de ella. No es un plato de gusto para Doc, pero con Shasta pierde la voluntad y el orgullo. Y volver a verla ya es suficiente regalo para él. Así que no tendrá más remedio que meterse en un lío del que le será muy difícil salir ileso.

Paul Thomas Anderson, con “Inherent Vice” (2014), escribe y dirige una personal adaptación de la novela homónima de Thomas Pynchon, publicada en 2009. Con la novela, Anderson, ya tiene la trama compleja de género negro, que no se molesta en explicar pormenorizadamente, ya que se centra en describirnos un mundo que ya no existe, el Los Ángeles de finales de los sesenta. Un mundo poblado aún por el colorido y las drogas hippies. Una revolución contracultural que convivía y chocaba con su antagonista retrógrado, personificado en la película por el policía Bigfoot (Josh Brolin).

Doc Sportello es el clásico detective a lo Philip Marlowe transportado a un nuevo ambiente, con otro estilo, pero con los dilemas y problemas propios del clásico detective. Doc no fuma tabaco precisamente, es un hippie y viste, vive y desfasa como tal, pero en el fondo es un sentimental, como Marlowe, pero este lo disimula mucho mejor.

Esta operación, que consiste en transportar el esquema clásico del genero negro detectivesco a otra época, les recordará a “El gran Lebowski” (Hermanos Coen, 1998). Pero la película de Paul Thomas Anderson está más cerca de “Un largo adiós”, la adaptación de la novela de Raymond Chandler que Robert Altman rodó en 1973, que de las aventuras surrealistas y alucinadas de El Nota.

“Puro vicio”, como se tituló la película en España, es también algo surrealista y paródica en algunos momentos pero, a pesar de ser básicamente una comedia de cine negro, destila una ligera sensación nostálgica por la época que retrata con mínimos elementos, como la actitud de los personajes, su manera de vestir, la música que escuchamos, la fotografía desvaída de Robert Elswit, frecuente colaborador de Anderson, y la estupenda interpretación de Joaquin Phoenix.

Tráiler subtitulado

En su continua búsqueda de nuevos estilos y formas, Paul Thomas Anderson se saca de la manga una película sorprendente, divertida y enrevesada, que no busca la perfección sino que ahonda más allá y no tiene miedo a errar. Anderson es ya un autor con una potente personalidad, que no atiende a modas ni tendencias, ni siquiera a un estilo propio. “Inherent Vice” es un nuevo escalón hacia el Olimpo cinematográfico que, más tarde, seguiría completando con “Phantom Thread” (2017) y Licorice Pizza (2021).

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