«This is England» (Shane Meadows, 2006)

A Shaun (Thomas Turgoose) no le gusta la ciudad donde se acaba de mudar con su madre. No le gustan sus compañeros del colegio, ni que se rían de sus pantalones de campana. A él tampoco le gustan sus pantalones de campana. No le gusta que su padre haya muerto en la Guerra de las Malvinas, ni que sus compañeros hagan chistes sobre ello. Porque Shaun se pega con quien haga falta por su padre.

Estamos en la Inglaterra de 1983. El gobierno de Margaret Thatcher se emplea a fondo en la flexibilización del mercado laboral, en privatizaciones a mansalva de las empresas públicas, desregularización del sector financiero y la reducción del poder de los sindicatos. Es decir, un desempleo monstruoso que se tradujo en el descontento generalizado de la clase trabajadora, que fue contrarrestado con una buena dosis de populismo nacionalista con la tristemente famosa Guerra de las Malvinas.

Shaun se siente sólo y desubicado a sus once años. Odia volver a casa y comprobar que su padre ya sólo está en las fotos. Así que zascandilea por un descampado o un edificio abandonado, y pasa las horas muertas a solas con su frustración.

Un mal día, Shaun ya no puede pasar por alto un nuevo chiste cruel sobre su padre. Y así se lo hace saber a su emisor con sus propios puños. Después de la pelea, magullado y desalentado, el muchacho vuelve a casa con apenas motivación para dar un paso tras otro. Y es en ese momento tan oscuro en el que encuentra una chispa de luz que le hace recuperar la ilusión y la alegría: una nueva pandilla de amigos, una manera molona de vestir, nuevos planes para divertirse y formar parte de algo basado en la fraternidad.

El cineasta británico Shane Meadows escribe y dirige This is England basándose en experiencias personales, y demuestra, una vez más, que siendo localista puedes llegar a ser universal. Con un estilo visual y narrativo naturalista, cercano a ciertas películas de sus compatriotas Mike Leigh y Ken Loach, Shane Meadows nos habla de los daños colaterales de las guerras, del acoso escolar y de cómo el fascismo lo pudre todo.

Primero, vemos que al pequeño Shaun se le ha vuelto la vida del revés por una guerra que no entiende. Después, comprobamos las bondades de pertenecer a un grupo. Y finalmente, asistimos a la división y casi desintegración del grupo, debido a la irrupción externa de una ideología intolerante, extremista y cafre.

En este caso, se trata de un grupo de skinheads. Esta subcultura que, en sus inicios, a finales de los años 60, no tenía absolutamente nada que ver con la extrema derecha, ni con el racismo y la xenofobia. Consistía en una especie de evolución del movimiento mod en los barrios obreros británicos, mezclados con los rude boys provenientes de Jamaica, también de clase obrera. Por lo tanto, lo que unía a los skinheads era el gusto por cierto tipo de música reggae, ska, soul, blues, Oi! y por una vestimenta elegante que, poco a poco, fue volviéndose más práctica e identificada con la clase obrera a la que pertenecían. También se caracterizaban por una gran afición al fútbol, cierta tendencia a la gresca y unos valores basados en el compañerismo y la lealtad.

Estos valores son los que llevan a Woody (Joe Gilgun), el líder del grupo, a fijarse en el decaimiento de Shaun al verle pasar junto a ellos. En seguida, intenta animarle y, posteriormente, darle cabida en la banda con una emotiva ceremonia de iniciación, consistente en raparle la cabeza y vestirle con una camisa apropiada, tirantes, pantalones y botas. Shaun ya tenía amigos y no se avergonzaba de su vestimenta.

Después de unos días de diversión en grupo, llega el meollo de la cuestión. Aparece Combo (Stephen Graham), un antiguo amigo de Woody, un skinhead también de la primera ola del 69.  Enseguida, Woody reconoce que Combo ha cambiado. En la cárcel ha sido captado por el partido de ultraderecha National Front y ha hecho propia su infecta ideología. Al proponer a la pandilla afiliarse al partido, produce, como era de esperar, una dolorosa escisión.

Y de esa escisión es de lo que nos quiere hablar Shane Meadows, desde lo particular hasta lo general. Combo manipula a Shaun para que se una a su causa usando la muerte de su padre, igual que partidos como National Front o British Movement utilizaban la demagogia para manipular a jóvenes británicos blancos cuyos puestos de trabajo, presentes o futuros, podían supuestamente peligrar debido a la competencia con los inmigrantes provenientes de Jamaica, Pakistán o India. Y aquí radica la importancia de This is England: contando la pequeña historia de un muchacho, en un pueblo de Inglaterra, en 1982, puedes ver la carcoma que devoró el movimiento skinhead, o entender fenómenos de la actualidad británica como el Brexit, o de otros países, como Bolsonaro en Brasil, Trump en EE.UU., o el partido verde moco en España.

Más adelante, Shane Meadows llevaría a sus personajes a la televisión con tres miniseries que añaden al título original los años en los que están ambientadas (This is England ’86, ’88 y ’90). En ellas abordaría distintos asuntos como el desempleo, la drogadicción, el abuso sexual, las nuevas modas musicales, y la posibilidad de cambiar de vida.

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