«Sólo los amantes sobreviven» (Jim Jarmusch, 2013)

Hace muchos años, un compañero de trabajo, ante la inminente llegada de las vacaciones, me dijo con tono quejumbroso: “No sé qué voy a hacer con tanto tiempo libre. Las vacaciones son demasiado largas…”. Supongo que, a estas alturas, ya se habrá desesperado, no por la falta de dinero, sino por el tiempo libre al que se habrá visto obligado a enfrentarse.

¿Quién quiere vivir para siempre? Se preguntan algunos. Pero, para las personas continuamente excitadas y curiosas, la existencia humana es demasiado escasa para calmar el hambre por conocer, experimentar y disfrutar todo lo que la vida les ofrece.

Eve (Tilda Swinton) y Adam (Tom Hiddleston) no han perdido el tiempo. Han aprovechado cada minuto de su extensa vida para aprender una gran cantidad de cosas importantes y triviales. Eve debe tener unos dos mil años, y Adam alrededor de seiscientos. Imaginen lo que esas mentes inquietas habrán acumulado a lo largo de sus vidas.

Eve es una apasionada de la naturaleza y la literatura. Lo sabe todo sobre los animales y las plantas, y es capaz de percibir la antigüedad de las cosas sólo con tocarlas. Lo de Adam es el arte y la ciencia. Tiene un altar lleno de fotos de escritores, músicos y cineastas. Colecciona preciosas guitarras de los cincuenta y sesenta del siglo pasado. Es músico. De hecho, una vez regaló un adagio a Schubert para que lo hiciera pasar por suyo. Admira a Darwin, idolatra a Nikola Tesla y está fuertemente influenciado por el Romanticismo de las antiguas amistades que frecuentaba en el siglo XIX, como Shelley y Byron.

Eve y Adam tienen un amigo común, Christopher Marlowe (John Hurt), el poeta y dramaturgo. Efectivamente, Marlowe no murió apuñalado en una taberna de Deptford antes de cumplir los treinta. Llegó a una edad avanzada y, antes de morir, sufrió la misma transformación que sus dos amigos: se convirtió en vampiro.

En pleno siglo XXI, por muy vampiro que uno sea, no puedes ir dejando cadáveres a diestro y siniestro. Sería demasiado peligroso y llamativo. Lo más prudente es obtener el fluido vital, bajo cuerda, en bancos de sangre y, además, no arriesgarse a chupar la sangre contaminada que tanto abunda hoy en día.

Hace siglos que Eve y Adam están enamorados, pero la experiencia y la sabiduría les ha inducido a vivir separados. Adam vive en la Detroit destartalada de hoy en día, como músico underground. Por su parte, Eve se las apaña en Tanger, cual intelectual expatriada de mediados del siglo pasado, visitando de vez en cuando a Marlowe.

Los tres vampiros disfrutan de su larga vida, de la cultura y de sus sentidos. Pero, como contrapartida, han de vivir aislados de la sociedad de los humanos, que despiertan en ellos unos sentimientos contradictorios de desprecio y admiración.

Es muy inquietante que Jim Jarmusch, guionista y director de “Sólo los amantes sobreviven” tuviera tantísimos problemas para financiar esta película. Es cierto que este no es un film tan abierto al gran público como su exitosa “Flores rotas” (2005). También es cierto que su narración está reducida a la mínima expresión y que el metraje está plagado de continuas referencias culturales, que enriquecen el entendimiento de lo que ahí ocurre, aunque podría perjudicar su disfrute en caso de desconocimiento de las mismas. Pero no es menos cierto que esta película no vende una narración, sino un sentimiento, unas sensaciones, un estado de ánimo, una cadencia lisérgica. Y en este aspecto, la película es un verdadero triunfo y, como tal, tiene un público lo suficientemente numeroso como para que la inversión económica hecha en la película sea amortizada, y siga siendo interesante apoyar un cine diferente al imperante, siempre, claro está, que haya un individuo detrás con la suficiente solvencia técnica y artística.

A parte de una excelente fotografía y dirección artística, hay que destacar un elemento fundamental en el film, la música. A lo largo del metraje, las imágenes son mecidas por las composiciones de Jozef van Wissem y el grupo SQÜRL, una mezcla psicodélica de lo viejo y lo nuevo muy acorde con los personajes. Unos personajes interpretados por un grupo de estupendos actores, entre los que destacaría a Tom Hiddleston, que hace una mezcla entre Lord Byron y Kurt Cobain muy impactante.

Tráiler subtitulado de «Sólo los amantes sobreviven» (Jim Jarmusch,2013)

Pues eso, una película de sensaciones, en la que todos los elementos viajan en la misma dirección, para expresar la idea de que todo el que tiene algo que amar tirará para adelante, aunque tenga que buscar financiación en Alemania, Gran Bretaña, Francia y Chipre…

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