«Frances Ha» (Noah Baumbach, 2012)

Frances Halliday (Greta Gerwig) adora a Sophie (Mickey Summer) su compañera de piso. Es su mejor amiga y no la abandonaría por nada del mundo. Frances sueña con ser bailarina profesional, y Sophie editora de libros. Ambas fantasean con la idea de que Sophie editará un libro carísimo sobre Frances, la gran bailarina. Faltan unos meses para renovar el alquiler del piso neoyorkino donde se alojan, y al novio de Frances no se le ocurre otra cosa que pedir a su chica que se vayan a vivir juntos. Pues claro que a la chica le apetece irse a vivir con su novio, pero no ahora. Se acerca la renovación del alquiler y Sophie cuenta con ella. A la mañana siguiente, en el metro, una vez rechazada la proposición de su novio, Sophie le cuenta a Frances que se va a vivir al barrio de TriBeCa con una chica de la que las dos se reían. Este es el comienzo de una sucesión de vaivenes y reveses que Frances soportará con una estoica deportividad y una bonita sonrisa.

En multitud de reseñas y críticas sobre “Frances Ha”, película dirigida por Noah Baumbach en 2012, se la ha comparado con el cine de Woody Allen. Y más allá de tratar sobre temas sentimentales, y estar rodada, en su mayoría en Nueva York y en blanco y negro, yo diría que las referencias son otras.

Noah Baumbach pertenece a cierto grupo heterogéneo de cineastas, mayormente norteamericanos, que rondan entre los cuarenta y cinco y los cincuenta y cinco años, y que responden ante nombres como Spike Jonze, Wes Anderson, Charlie Kaufman o Michel Gondry. Directores y guionistas que intercambian sus talentos en las películas de unos y otros, y que forman una suerte de Nouvelle Vague que no se hace muchas ilusiones. Son cinéfilos, entusiastas, melancólicos, románticos, raros y eternamente jóvenes, o inmaduros, según se mire.

Al ver y oír, “Frances Ha” nos viene inevitablemente a la mente la Nueva Ola francesa y, en especial, sus grandes baluartes François Truffaut y Jean-Luc Godard. El primero es el más explícito, ya que Baumbach nos acaricia los oídos continuamente con las maravillosas composiciones creadas, sobre todo, por Georges Delerue, aunque también por Antoine Duhamel, para las extremadamente conmovedoras películas dirigidas por el añorado François Truffaut. (Sólo imaginar las películas que Truffaut hubiera hecho, si no hubiera muerto tan pronto, da ganas de llorar).

La trama itinerante de Frances cambiando de pisos, de compañeros y de trabajo, nos recuerda a las aventuras de Antoine Doinel, alterego de Truffaut, a lo largo de su vida cinematográfica. Pero el personaje protagonista resuena más a los interpretados por la bellísima Anna Karina para su, entonces perdidamente enamorado, Jean-Luc Godard. Su comportamiento jovial, desgarbado y desinhibido, y su mala suerte, parecen sacados de “Pierrot el loco” (1965), “Vivir su vida” (1962) o “Banda aparte” (1964). Esta última especialmente por un pasaje, que también podríamos relacionar ligeramente con “Jules y Jim” (F. Truffaut, 1961).

La fotografía en blanco y negro de escenarios naturales, elaborada por Sam Levy, parece ser que con la ayuda del tristentemente fallecido y admirado Harris Savides, consigue emular los trabajos de directores de fotografía como Raul Coutar y Henri Decaë, pertenecientes a la Nouvelle Vague.

Trailer subtitulado

Pero “Frances Ha” no recibe la influencia de dicha corriente cinematográfica francesa de manera aislada, sino que Baumbach recoge el testigo de otro grupo de cineastas norteamericano, con el que también se ha relacionado como productor, y que conforma la corriente cinematográfica casi amateur más famosa de principios de siglo, gracias sobre todo a Internet, y que también está influenciada por las Nueva Olas cinematográficas de los sesenta, y especialmente de la francesa. Este es el llamado “cine mumblecore”, que tiene a Andrew Bujalski y Joe Swanberg como máximos exponentes. Precisamente Greta Gerwig, la protagonista y coguionista de la película que nos ocupa, sin la cual la película no sería la misma, proviene de la filmografía del segundo, y que Baumbach conoció al producir “Alexander the Last” (Joe Swanberg, 2009). Podríamos decir, si me permiten, que “Frances Ha” es como una película mumblecore, pero bien escrita, bien interpretada y técnicamente bien filmada. Una película que podríamos hermanar con la alemana “Oh boy” (Jan Ole Gerster, 2012). En definitiva, “Frances Ha” es una agradable sorpresa, fruto de la confluencia de varias corrientes y circunstancias cinéfilas y vitales, que trata sobre una juventud que no termina de llegar a la madurez, debido a la falta de estabilidad económica y sentimental. Como la vida misma…

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