Rogue One o cómo las redes sociales han influido en el universo Star Wars

Todo parece indicar que Jyn Erso (Felicity Jones) es la pieza clave para tener alguna posibilidad. La Alianza Rebelde tiene constancia de que un supuesto piloto imperial, Bodhi Rook (Riz Ahmed), ha llevado un mensaje de Galen Erso (Mads Mikkelsen) a Saw Gerrera (Forest Whitaker).

Galen Erso es el padre de Jyn y el arquitecto principal de la Estrella de la Muerte, un arma capaz de destruir un planeta entero. Y Saw Gerrera es un rebelde que se separó de la Alianza, y ahora lucha por su cuenta contra el Imperio, con unos métodos más contundentes y violentos que sus antiguos compañeros. Gerrera es un viejo amigo de Galen y de su hija Jyn. Y, puesto que Gerrera es imprevisible y violento, contar con Jyn es un seguro, dentro de lo que cabe, para que Gerrera no los reciba a tiros.

Lo que descubran en ese mensaje, hará que cambien su opinión sobre Galen Erso, y les llevará  a embarcarse en una misión cuya finalidad estará por encima de cualquier consideración.

Cómo las redes sociales influyen en el cine de Hollywood en general y en la saga de Star Wars en particular.

Hace años, la única manera de comprobar la reacción del público, además de los preestrenos, era el resultado de la taquilla. Podías saber si tu película había gustado más o menos en función de las entradas vendidas. Pero las razones de tu éxito o fracaso nunca estaban muy claras. Si los resultados no eran los esperados, podía deberse a que la fecha del estreno no había sido acertada, o a que la estrategia comercial no había sido la adecuada, o a que la campaña publicitaria no había sido la más audaz, o simplemente que tu película no había gustado.

Centrémonos  en la última opción. Si nuestra película no había gustado, la siguiente pregunta es por qué no había gustado. Hace unos años, esa pregunta tenía como respuestas un montón de especulaciones. Ni que decir tiene que los críticos no tenían las respuestas. Todos sabemos que el arte en general, y el cine en particular, no se puede calificar con razones objetivas. No es raro leer a dos eminentes críticos de cine con opiniones diametralmente opuestas sobre la misma película. Y, desde luego, el crítico de cine no es precisamente representativo del público objetivo de la mayoría de las películas.

Porque la industria del cine comparte numerosas características con cualquier otra industria. Se trata, en su mayor parte, de saber lo que el público demanda para satisfacer esa necesidad. Hoy en día, las empresas de cualquier ámbito cuentan con nuevas herramientas de comunicación con su público objetivo.

Si antes esa comunicación era unidireccional, ahora, gracias a las redes sociales, esa comunicación es bidireccional. Las marcas dialogan, o deben dialogar, con su público objetivo. Los clientes y las personas interesadas en tu producto van a opinar sobre él, van a exigirte y a preguntarte directa y, en muchos casos, públicamente.

Aunque en algunos sectores, los menos,  el público activo en las redes sociales no es representativo de su público objetivo, las opiniones y quejas vertidas por los usuarios en las redes sociales son impresiones de primera mano que nos pueden indicar por dónde van los tiros.

La influencia de los fans, a través de las redes sociales, en Star Wars

En el caso de Star Wars, no encuentro mejor ejemplo de cómo movilizar a tu público en el offline de toda la vida, y ahora en el online. El universo Star Wars te invita a participar, a formar parte de él. Desde 1977, con la que ahora llamamos “Star Wars: Episodio IV – Una nueva esperanza” (George Lucas, 1977) comenzó un universo que pronto se expandió. No sólo fueron llegando nuevas películas, como “Star Wars: Episodio V – El Imperio contraataca” (Irvin Kershner, 1981), “Star Wars: Episodio VI – El retorno del Jedi” (Richard Marquand, 1983), sino que se publicaron novelas, comics y películas para televisión, donde el número de personajes y arcos argumentales se elevaron al infinito. Por no hablar de muñequitos, juegos y demás.

Pero el universo Star Wars se amplió aún más, y aquí está la madre del cordero, con la aportación de los fans. Numerosas convenciones por todo el mundo, con fans disfrazados como los personajes, conociéndose y haciendo una comunidad en torno a la saga y, poco después, rodando ellos mismos sus propios fan films.

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Los fans Star Wars en su salsa

Estos fan films, al principio, eran producidos por los seguidores de una manera espontánea, tomando personajes y situaciones del universo Star Wars. George Lucas, el jefe de todo esto, se dio cuenta de la situación y, no sólo lo permitió, sino que lo incentivó a partir de 2002, con la entrega de premios The official fan film Star Wars awards.

Esta actitud proactiva de los fans hace que sientan como suyo cualquier movimiento de la saga, gritando a los cuatro vientos  (o mejor dicho, por las redes sociales) cuando les ha encantado algo, y criticando y analizando cualquier detalle de “La guerra de las galaxias”, como la llamamos los viejunos.

Cuando George Lucas, en 1999, decidió retomar la saga con la trilogía que narraba los sucesos anteriores al episodio IV, los fans estaban llenos de ilusión y de temor.

Pues bien, desde “Star Wars: Episodio I – La amenaza fantasma” (George Lucas, 1999), uno de los puntos más ampliamente criticados y odiados fue el personaje, totalmente creado por ordenador, llamado  Jar Jar Binks. Lucas, que se iba a encargar de escribir y dirigir “Star Wars: Episodio II – El ataque de los clones” (George Lucas, 2002) y “Star Wars: Episodio III – La venganza de los Sith” (George Lucas, 2005), fue disminuyendo la presencia de Jar Jar en el Episodio II, y reduciendo a casi un cameo en el Episodio III. Un claro ejemplo de reacción, sobre la marcha, a las opiniones de su supuesto público objetivo en las redes sociales.

Otra de las grandes críticas a las precuelas, desde el principio, fue el uso aparentemente abusivo de la creación de personajes, escenarios y naves creadas por ordenador. Esto, decían muchos fans, alejaba a la nueva trilogía del aspecto y espíritu de la trilogía clásica. Lucas, que usó igualmente las últimas tecnologías disponibles en los años 70 y 80 para su primera trilogía, no hizo apenas caso a estas opiniones, pero sí Disney, como veremos más adelante.

La nueva perspectiva de Disney está más atenta a las redes sociales

Como ya sabes, George Lucas vendió Lucasfilms a Disney por 4.050 millones de dólares. Mucha gente se echó las manos a la cabeza. Personalmente, pienso que, si Lucas no tenía intención de hacer más películas de Star Wars, pues que las hagan otros. Y Disney ha demostrado su solvencia económica y su buen criterio a la hora de sacar partido a sagas como las de Marvel. Porque cuando algunos protestan diciendo que Disney quiere explotar la gallina de los huevos de oro, no entiendo de qué se quejan, ni de qué se extrañan. Lo importante es que lo hagan bien, digo yo. Y el puesto de Kathleen Kennedy en la dirección ejecutiva no parecía mal augurio.

El caso es que Disney quiso empezar con “Star Wars: Episodio VII – El despertar de la Fuerza”, sobre la que escribí en su momento en La Tribuna de Toledo, cuyo artículo podéis leer en el anterior enlace.

En este caso, Disney tomó en cuenta muchas de las peticiones y críticas que habíamos podido leer en redes sociales y todo tipo de foros. La conclusión, y el propósito, era que el Episodio IV recordara poderosamente a la trilogía clásica. Y lo consiguió rodando en celuloide en vez de en digital, priorizando el uso de maquetas, disfraces y escenarios reales, con efectos digitales más disimulados que dieran esa sensación de fisicidad polvorienta buscada, fichando a guionistas de la añorada trilogía, como Lawrece Kasdan, a un director taquillero, como J.J. Abrams, revitalizador de sagas como Star Trek y de un carácter abiertamente nostálgico del cine de aquella época, como demostró con “Super 8” (J.J. Abrams, 2010), recurriendo a nuevas partituras musicales de John Williams y, por encima de todo, repudiando cualquier idea de George Lucas…

La operación salió que ni pintada. El Episodio VII recaudó más de 2000 millones de dólares, situándose en la tercera posición en el ranking de películas con más recaudación de la Historia, detrás de “Titanic” (James Cameron, 1997) y Avatar (James Cameron, 2009). Los fans, y demás guardianes de la esencia galáctica, quedaron satisfechos en su mayor parte.

Sólo hubo un pero, pero fue bastante importante. Resulta que, debido al afán por parecerse a la trilogía de la niñez de los cuarentones, el esquema argumental tenía demasiados puntos en común con el Episodio IV. La falta de originalidad fue el punto débil en el que se ensañaron los comentaristas más descreídos.

Rogue One: la prueba de fuego de la estrategia de Disney con Star Wars

El siguiente paso era una novedad para Star Wars, en lo que a la pantalla grande se refiere. Se trataba de hacer una película de Star Wars que no estuviera protagonizada por ningún miembro de la familia Skywalker. Esto ya se había hecho en televisión, cómic y literatura, el universo expandido de la saga creada por Lucas es inmenso, pero nunca se había hecho en cine.

La lección estaba aprendida en cuanto al aspecto visual, el carisma de los personajes y, en general, el sabor de antaño. Ahora había que ser más original con la historia, sin descuidar lo anterior. La infinita prudencia comercial de Kathleen Kennedy y de Disney les hacía temer que, al cambiar en exceso el esquema argumental respecto a la trilogía reverenciada por los seguidores, podría hacer peligrar la aceptación de estos.

La opción tomada fue contar una historia muy pegada al Episodio IV: “Una nueva esperanza”. Justamente la historia que se resume en el texto introductorio del capítulo mencionado. La primera película fuera de la saga principal trataría sobre el robo de los planos de la Estrella de la Muerte. Ya sabíamos que los robaban, pero no cómo ni quién.

Al elegir este arco argumental, inmediatamente anterior a “Una nueva esperanza”, las armas, vehículos, uniformes y la tecnología en general, serían exactamente las mismas que en la película de 1977. Y, lo que es aún más importante, nos permitiría reencontrarnos con uno de los malos más icónicos de la Historia de Cine: nada más y nada menos que Darth Vader.

Parece ser que John Knoll hizo el primer tratamiento del guion, Gary Whitta, guionista de “El libro de Eli” (hermanos Hughes, 2010), escribió el primer borrador, Chris Weitz, guionista y también director de, por ejemplo, “La Saga Crepúsculo: Luna Nueva” (2009), reescribió el guion y, más adelante, entró Tony Gilroy a meter músculo al asunto en la última versión del libreto. Tony Gilroy es el guionista de todas las películas de la saga sobre Jason Bourne, excepto la última, y guionista y director de “Michael Clayton” (2007). Desde luego, si querían una película de acción con una estructura férrea, Tony Gilroy era la mejor opción para rematar el guion.

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Gareth Edwards habla con Diego Luna mientras sostiene la cámara

Y para la dirección, el elegido fue Gareth Edwards, ese muchacho británico que, según dice la leyenda, hizo su primer largo, “Monsters”, en 2010, con su propia cámara, por Costa Rica, Guatemala, México y el estado de Texas, sin permisos, con un equipo de dos personas y poco más. La película tuvo la suficiente repercusión y calidad como para que le propusieran dirigir “Godzilla” en 2014. El resultado fue más que notable, dadas las circunstancias de un guion regulero. La audacia visual que desplegó con la película del lagarto atómico dejó en evidencia a aquella versión que Roland Emmerich realizó en 1998, y que era un verdadero pestiño. Para Kathleen Kennedy y su equipo, todo indicaba que Edwards tenía una personalidad y visión particular, era capaz de lidiar con una gran producción llena de efectos especiales y, contando con un buen guion (de eso se encargaban ellos), podría hacer una gran película. Acertaron por encima incluso de lo esperado.

Y es que, una vez conectada “Rogue One” con “Una nueva esperanza”, la película no necesita parecerse más a ella, y vuela por sí sola junto a clásicos del género bélico cómo “Objetivo Birmania” (Raoul Walsh, 1945), “Los cañones de Navarone” (John Lee Thompson, 1961) o “Doce del patíbulo” (Robert Aldrich, 1967).

“Rogue One”, y aquí viene una de las claves de su éxito y de futuras películas fuera de la saga troncal, es autoconclusiva. Sólo necesita ser coherente con el canon de Star Wars. “Rogue One” tiene un principio, un desarrollo y una conclusión. La película termina, sí. No tiene que dejar tramas abiertas, ni dejarnos a medias. Gareth Edwards y sus colegas no tienen nada que dejar para otros, lo dan todo hasta el final, y qué final…

No obstante, en “Rogue One” volvemos a ver un conflicto paterno-filial. Entre Galen Erso, interpretado por el danés Mads Mikkelsen, y su hija Jyn Erso, a la que da vida Felicity Jones, que carga estupendamente toda la película sobre sus hombros, se produce un choque que pasa del odio y la decepción  a la comprensión y el perdón. Algo similar ya habíamos visto entre Luke y su padre.

Rogue One: escenas adicionales, cambios de última hora y resurrecciones digitales

Ahora pasemos a ciertos asuntos sobre la película que ha levantado algo de revuelo.

Parece ser que, una vez concluido el rodaje, se convocó a todo el equipo para rodar escenas adicionales. Esto llevó a muchos a temer que Disney quería edulcorar la oscura película que supuestamente había rodado Edwards, y que estas nuevas escenas las estaba rodando Tony Gilroy, que había dirigido la segunda unidad, además de pulir el guion. Poco menos que se había apartado a Edwards de la película, debido a unos supuestos resultados insatisfactorios.

Para empezar, hay que decir que rodar escenas adicionales es una práctica habitual en Hollywood. Y es que, además, se incluye en el presupuesto. Se rueda lo que está planificado, se monta y, con el montaje delante, se decide si hay que explicar algo mejor, y rodarlo de nuevo, o hay que cortar escenas. No parece que sea más que eso.

Incluso el actor Ben Mendelsohn, que interpreta a Orson Krennic, ha declarado que se rodaron varias versiones de algunas escenas para tener libertad en el montaje.

Sea como fuere, el resultado es óptimo. No podemos olvidar que, al mando está Kathleen Kennedy, habitual colaboradora de Spielberg. Kennedy no es una productora chupatintas y lacaya, es una productora como las de antes, amantes del cine y de una sapiencia cinematográfica a prueba de toda duda. En el supuesto caso de que retocara la obra de Edwards, siempre iba a ser a favor de la película.

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El verdadero Peter Cushing

Otro de los temas polémicos de “Rogue One” es la resurrección digital de Peter Cushing, fallecido en 1994, como Moff Tarkin. Como bien dice Kiri Hart, co-productora de la película, si no viéramos a Tarkin en “Rogue One”, habría que explicar por qué. Una película sobre la Estrella de la Muerte tiene que tener a Tarkin sí o sí. No puedes estar valiéndote de reflejos y hologramas todo el rato. Tarkin siempre está al pie del cañón. ¿Qué vas a decir? ¿Que está en cama con pulmonía?

Esto, dicho desde el punto de vista narrativo, es más que razonable. Pero, si pensamos en las personas muertas que no han decidido estar allí, se convierte en un asunto peliagudo. Cierto es que los herederos de Cushing dieron su visto bueno, y que el bueno de Peter seguro que hubiera estado encantado de ahorrar una pasta a Industrial Light & Magic y plantarse en el rodaje en cuerpo y alma. Pero esto puede abrir la veda definitivamente, y es hora de que nos preguntemos, y quizá se legisle, sobre si es lícito que yo haga una película protagonizada por Humphrey Bogart, sólo porque sus herederos necesiten el dinero que yo tenga. En cualquier caso, yo me alegro de volver a ver a Tarkin, y la película es mejor con él.

En este apartado, podemos mencionar a un personaje que, hasta ahora no había tenido mucho protagonismo en la saga, pero que en “Rogue One” toma cierta relevancia. Me estoy refiriendo a Mon Mothma. Esta líder de la Alianza Rebelde intervino durante unos escasos dos minutos en “El retorno del Jedi”. Aquella vez fue interpretado por Caroline Blakiston. Cuando George Lucas rodó “La venganza de los Sith” en 2005, debía aparecer este personaje. Por aquel entonces Blakiston no lo podía interpretar, ya que, por la cronología de la historia, debía lucir más joven incluso que en 1983. Lucas no se planteó ningún tipo de operación rejuvenecedora digital, por lo que eligió a una actriz que se pareciera físicamente a Blakiston. La elegida fue Genevieve O’Reilly. Por desgracia para ella, las escenas en las que participaba no fueron incluidas en el montaje final, y sólo las pudimos ver en los extras del Blu-ray. Resulta que, en “Rogue One”, Mon Mothma tiene más escenas que en “El retorno del Jedi”, y esta vez sí han sido incluidas en el montaje final, interpretadas, por supuesto, por Genevieve O’Reilly.

Mención especial merecen las apariciones de Darth Vader, al que vemos en todo su esplendor y fuerza, sin las cortapisas sentimentales que produce la consanguineidad. La primera escena en la que aparece, está rodada por Gareth Edwards como un ritual sagrado que pone los pelos de punta sólo con recordarlo. En su versión original, sigue teniendo la voz del mítico James Earl Jones, pero en la versión doblada en español, ya no se podía contar con la voz de Constantino Romero al fallecer en 2013. Así que se ha elegido a Pedro Tena, que ya había doblado a Darth Vader con anterioridad en la serie de dibujos animados “Star Wars Rebels” y en varios videojuegos.

Rogue One: la pandilla formada por Felicity Jones, Diego Luna y K2-S2

En cuanto a Felicity Jones, hay que decir que refleja a la perfección primero su dilema moral respecto a su padre en la ficción, y después la impotencia por la incomprensión de los demás, y su afán por salvar el buen nombre de su padre.

Diego Luna, como Cassian Andor, es el encargado de aportar uno de los temas más ambiguos de la película. Y es que la rebelión está dividida y tiene que realizar actos deleznables en aras de una causa más importante que ellos mismos. No podría vivir con los remordimientos, a menos que todo cobre el sentido último esperado. Pero la manera de actuar de la rebelión es lo que consideraríamos actos terrorista. Es decir, si no estuviéramos de acuerdo con su causa…

K2-SO es todo un personaje. El droide, al que pone voz Alan Tudik, funciona a la perfección como descargo humorístico, heredando el puesto narrativo que ocupaba C-3PO en la Trilogía Clásica y, en fin, Jar Jar Binks en las precuelas. Con la diferencia de que K2-SO es hábil como soldado, y la peculiaridad de que es incapaz de callarse lo primero que pasa por sus circuitos.

Saw Gerrera, el personaje interpretado por Forest Whitaker, y que ya vimos en los dibujos de “Star Wars: The Clone Wars”, ya habrán oído que sale poco, y que puede que haya sido víctima de algún tijeretazo en montaje. Es un tema interesante para saber qué decisiones se han tomado, pero yo no cambiaría una coma de ese montaje.

Rogue One: la música de Michael Giacchino a lo John Williams

El último riesgo de “Rogue One” era la música. “Rogue One” es la primera película de Star Wars que no cuenta con las composiciones del que, para mí, es el mejor músico de la Historia del Cine: John Williams. Al parecer, la primer opción fue Alexandre Desplat pero, por problemas de agenda, tuvo que abandonar. El sustituto fue el que, personalmente, pienso que era la opción más obvia y continuista. Si hay un músico que puede asemejarse al maestro, ese es Michael Giacchino. Colaborador habitual de J.J. Abrams en “Lost” (J.J. Abrams y Damon Lindelof, 2004-2010), “Star Trek” (J.J. Abrams, 2009) y “Super 8” (J.J. Abrams, 2011), por ejemplo, y viejo conocido de Disney, en su sección Pixar, con maravillas como “Los increibles” (Brad Bird, 2004), “Ratatouille” (Brad Bird, 2007) o “Up” (Pete Docter y Bob Peterson, 2009), con la que gano el Oscar. Además, Giacchino ya continuó otra obra de John Williams con su BSO  de “Jurasic Word” (Colin Trevorrow, 2015).

En “Rogue One”, Giacchino cumple con su cometido de manera espectacular. Nos hace recordar temas clásicos de la saga, transformándolos en otros nuevos, acordes a los nuevos personajes y situaciones. Algunos cortes, como “Your father would be proud” o “The imperial suite” harán las delicias de los seguidores de Williams aunque, claro está, no llegue a su nivel .

Conclusión

Por todo lo dicho, “Rogue One: una historia de Star Wars” se convierte en una de las mejores películas de la Saga. Se puede disfrutar perfectamente sin saber nada de Star Wars aunque, por supuesto, siendo fan, la gozarás mucho más. Es una película de aventuras, de guerra, sobre el honor, el sacrificio, los remordimientos y la ambición. En definitiva, una gran película.

 

 

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